jueves, 27 de enero de 2022

Poesía

"A la vida,
si no le vamos a poner poesía,
pongámosle fecha y hora"
- Rodrigo Cuevas

La poesia y el escenario
es y será la vida.
No hace falta escribirla.
No hace falta subirse.
Es.-

jueves, 24 de junio de 2021

Excedent

Soc sempre massa per ser ara.
Soc per ser quan nevi, quan plogui;
per quan tot sigui sencer,
la millor aposta per un futur inassolible
que en l'ara no vols desbaratar
mentre en cada renúncia perds
l'oportunitat flagrant de l'ara.
Soc per quan siguis, quan tinguis, quan entenguis.
Soc amb una enganxina d'obrir en cas d'emergència.
Soc massa per l'ara,
com totes aquestes coses que omplen
armaris, neveres i rebosts
"per si de cas un dia".
En aquesta successió continua d'aras,
tria'm ara per si de cas just aquest ara
esdevé aquell sagrat dia
per el que no gaudeixes la immediatesa
per si de cas un altre futur arriba.

domingo, 2 de mayo de 2021

Buganvilla


A veces pienso en qué diría Mercedes
cuando me subo a un escenario,
cuando itero en los vórtices de las imposibilidades,
cuando me aferro a plantas enraizadas en precipicios.

A veces imagino que me mira 
desde palcos de teatros,
escaleras de gradas de pabellones, 
laterales de salas,
escalones y bancos de calle.
La veo en sillas cómodas de bares
con una copa de vino y un cigarrillo,
en espaldas que caminan con decisión
de plumas rubias decaladas.

A veces pienso qué dirá desde su altar doméstico
cada vez que alguien nuevo cruza la puerta.

A veces me habla con otras voces,
a veces también con la mía.

Y volviendo a casa un día,
una buganvilla de hojas grandes y flores rojo-fucsia
me miró mientras escuchaba un tango
y cuando pregunté cuánto costaba
y me dijeron el precio,
en mi cabeza, en un mundo paralelo,
yo, mirándola a las flores y bridas
de los palos que la sostenían,
le preguntaba “¿cómo te llamas?”
y me respondía: “Mercedes”.

domingo, 4 de abril de 2021

La arquitectura del borde

Estando un día la señorita Perla en una casa llena de Argentina aprendió que el repulgue era la técnica que cierra las empanadas y la bautizó como "arquitectura del borde". La señorita Perla olvidó este significado poético hasta que al día siguiente se lo recordaron y de ahí surgió este texto. 

Tengo una inercia inevitable de buscar metáforas vitales a las cotidianidades. Las empanadas contienen cantidades variables de relleno, igual que las personas contienen cantidades de vida, porciones de ejes vitales, porciones de elementos que constituyen el entramado vital compartido. 

Y ahí está, el relleno cocinándose con toda esa combinación de elementos en diferentes recipientes con ingredientes que se van sumando de diferentes fuentes y momentos. Y la vida se va sucediendo en diferentes segmentos, trozos de línea argumental acotados, acotados como lo está la propia existencia, contenedores y segmentos de vida. Empanadas de vida. Toda la vida que pueda contener una oblea, con todo lo elástico y versátil de una oblea aún siendo industrial. La unión de un paquete industrial de obleas puede construir una oblea gigante aún no siendo artesanal. 

Y ahí está la vida en cazuelas, ingente, al fuego. 
Y obleas y bandejas para contenerla, para hornearla, para comérsela. 

Eliges una cantidad de relleno de vida que no desborde, que no te venza demasiado el ansia, tanto puedes contener horas o años con una misma proporción de materia. Después cierras con cuidado, con el agua que activa el cierre, estirando para tener geometría en el espacio sobrante; y con un gesto hábil de pulgar e índice, cierras. 

Con esa arquitectura de borde como si fuera una cuerda, con cuidado de no romperla para que después de hornearla relleno y masa, vida y segmento, sellen y afiancen el repulgue y después, acaben nítidas almacenadas por impulsos sensoriales en el archivo gastronómico de la vida.
 
Los momentos de la vida, como este, son empanadas bien repulgueadas.

martes, 23 de marzo de 2021

El amor que tú dices

Si esto fuera el amor que tú dices sería una plañidera anestesiada de Diazepam, velando el féretro con los ojos perdidos en una ventana de barrotes y llevando el luto translúcido de las catástrofes adheridas.

Si esto fuera el amor que tú dices me pesarían las agujas del reloj en la muñeca, cada giro de manecillas giraría sutilmente el torrente sanguíneo, no habría respuesta al pulso y las pupilas quedarían estáticas en un Glasgow 3 profundo.

Si solo una de las acepciones fuera el amor que dices y me asignas, el lugar en el que me crucificas y relegas, no podría seguir escribiendo, la tinta se emborronaría y no podría seguir leyendo.

Pero sucede que este amor que tú dices es una versión del cuento de hadas, es la piedra Rosetta en su atmósfera protectora, es Pompeya sepultada y congelada pero no es hoy, ahora, ni aquí; es en la narrativa ajena adquirida.

Si esto fuera el amor que yo digo dejaríamos líneas de textos entre cortinas, salivas y sábanas y nos inventaríamos un segmento que acotara al resto de nuestras vidas y ahí, en esa inmediatez de constante acotación, te diría que veto todos los tiempos pretéritos y futuros para que me dejes quizás un croissant, un zumo de naranja y una flor.

lunes, 8 de marzo de 2021

Esquitxos

Només vull un esquitx de desig que em sacsegi el fetge.
Una caixa de mistos esclatant només tocar-la
i ser foc, foc i fusta i herbes seques cremant-se
i escampant totes les cendres.

Esquitxos de desig sacsejant-me el fetge,
a mi que fujo del tòpic,
a mi que no crec en obvietats
ni en massa d'hores o massa tards,
a mi que no entenc de lleis.

Sóc salvatge amagada sota transparències,
sóc el peatge del Teletac
que obre un clic de matinada.

Vull encendre la paraula que duu la flama,
vull els ulls que es queden enganxats
mentre combustiona el centre de l'univers
i es desfà el magma en onades harmòniques,
vull la mossegada del mirall extenuada
i el tacte que evoca la foguera,
i els dits socarrats que contenen la bèstia
del desig que sacseja el fetge
de l'esquitx de tu que encara em desitja

viernes, 1 de enero de 2021

Posibilidad

La única realidad que podemos ser 
con seguridad es posibilidad. 

La posibilidad es.
Es en su incertidumbre, 
es en sus variables, 
es con geometría exacta. 
Cambiar de año es 
sólo un segundo que, 
como cualquier otro, 
tiene la posibilidad 
de cambiar el mundo. 

La posibilidad es este segundo.

lunes, 21 de diciembre de 2020

Rutas argentinas

Rutas argentinas - Almendra
"Sigue siendo mío porque es de todos y yo soy uno de ellos"
"(Liberarse) es un juego, una seducción en la que solo el cuerpo hace de antena" 
(Luis Alberto Spinetta)


Itera la historia reciente en una ventana donde, 
en un plano contrapicado de aire comprimido, 
sale el sol en diferido. 

El sol con filtro naranja 
desborda la rendija de las contraventanas 
como una fotografía sobreexpuesta. 

La textura de las palabras se engancha 
en los cordones de las botas, 
en las teclas, 
en los potenciómetros, 
en los botones, 
en las cuerdas, 
en la enredadera, 
en el origen del universo 
concentrado en una puerta, 
en piñas o macetas. 

El eco anecoico aún forma parte 
de las partículas en suspensión 
y se adhiere a las superficies en movimiento, 
a las neuronas despiertas, 
a las imágenes con el lienzo de la luz 
que deshace el toque de queda 
y a la mirada que baja las escaleras.

domingo, 20 de diciembre de 2020

Confabulación planetaria

 «Tendrías que retroceder hasta justo antes del amanecer del 4 de marzo de 1226 para ver una alineación más cercana entre estos objetos visibles en el cielo nocturno» (cita)

Hoy se confabulan los astros en la más absoluta literalidad, hoy se confabulan los dos planetas más grandes del sistema solar: Júpiter (setenta mil kilómetros de radio), Saturno (cincuenta y ocho mil kilómetros de radio). Cifras redondeadas, no creo que se ofendan. Pensemos que la Tierra tiene, redondeando a la alza, siete mil kilómetros de radio. Hablamos de planetas entre ocho y diez veces más grandes que la Tierra

Y aquí estamos, pequeñitos y conflictivos seres, batallando por entender si podremos o no volver a algún lugar que llamamos “casa” diferente a nuestra casa habitual, si deberemos acreditar nuestros lazos de sangre o de simpatía con poderes notariales o simplemente palabras, si la Navidad debería ser o no algo tan paganamente sagrado. Seres pequeñitos pensando tonterías mientras diarios, stories de Instagram, mensajes y demás misivas contemporáneas se hacen eco de la noticia de la conjunción planetaria. Noticias acompañadas por las instrucciones del punto del cielo a buscar cuando se ponga el sol, por la poética y el folklore; estos dos planetas no estaban tan cerca desde 1623, no volverá a suceder hasta 2080. 

Y ahí estamos nosotros, en nuestro centro de observación del cielo viendo dos puntos brillantes, dos estrellas que la cámara al uso no puede capturar. Hace frío, miras un rato, sacas una foto. Lo intentas. Y ya está. Pero, ¿cómo que ya está? No podemos quedarnos ante tal cosa como si no pasara nada. Ningún habitante de este ahora conoce a nadie que viera el suceso equivalente anterior y no es tan fácil ya asegurar que vayamos a vivir sesenta años más. Estamos ante una confabulación irrepetible en el transcurso de nuestras vidas y nos conformamos con hacer una fotografía borrosa y contemplarlo unos segundos para dar fé, para asegurar que también lo vimos, para sumar un hito más, un check más. 

Y no, no puede ser esta indiferencia. Estamos viendo dos planetas de más de trescientos mil kilómetros de circunferencia uno al lado del otro en el cielo como si fueran dos estrellas o dos luces de guirnalda de Navidad. Estamos viendo las ochenta y dos lunas de Saturno y sus seis anillos, las ochenta lunas de Júpiter. Lo estamos viendo ahí, en esos dos puntos insignificantes que podrían pasar por estrellas. Quizás sea mejor así, quizás sea imposible imaginarse elementos de tales dimensiones, quizás no tenga sentido imaginar algo que nunca podremos llegar a ver y sea mejor mantener a Júpiter y a Saturno en el imaginario de dibujos escolares de sistemas solares y datos numéricos.

Quizás la realidad es una constante confabulación de planetas, de conjunciones existenciales que puede que no se vuelvan a suceder o que nadie recuerde cuándo fue la última vez que sucedieron. Y ante ellas, normalmente, incapaces de comprenderlas, las capturamos en fotografías literales o mentales, las transcribimos, las poetizamos, las analizamos. Las vemos como pequeños puntos luminosos sin ser plenamente conscientes que, muchas veces, pueden contener el capítulo piloto de la eternidad. 


domingo, 13 de diciembre de 2020

Lladró

Coloqué todas las figuras de porcelana para que miraran hacia dentro. Hacia dentro de las paredes y los muros de cemento levantados alrededor de los círculos concéntricos de la realidad. En una habitación llena de fotografías colgadas, las figuras observaban desde estanterías y ventanas. Filtraban el sol con sus siluetas, oscilando todas las horas por el suelo como si fueran el eje de un reloj de sol polimórfico. Me observaban desde sus tonos pastel y escenas bucólicas, desde las flores de sus cestos y lo inocuo de sus gestos. 

La aséptica delicadeza de la porcelana me observa sorprendida ante la alquimia sobre el papel, ante los efectos químicos de iteración mental que generan las vivencias recientes. Las figuras de porcelana cobran vida en el escenario que dibujo cuando se acaban las horas del reloj. Figuras de porcelana hasta que la vorágine de la vida se hace incuestionable. 

La vorágine animal que se esconde tras barnices sociales y moldes. No hay porcelanas, ni vidrios ahumados, ni materiales demasiado frágiles en las fronteras de los impulsos conscientes de las expectativas cumpliéndose, del reflejo de figuras y luces anaranjadas cuando, entre las manos y los ojos, se sopesa, con exactitud milimétrica y la precisión natural de la inercia, toda la narrativa e imaginario de lo animal, lo cotidiano y lo delicado.